miércoles, 17 de enero de 2018

Un cartel como Dios manda

Me hace llegar mi buen amigo Lutgardo Garcia el cartel con el que la Cofradía de los Estudiantes de Sevilla anuncia este año su pregón universitario.
Es imponente: sobre el bellísimo Cristo Máximo de Juan de Mesa nos interpela un ángel bizantino y prerrafaelita, mientras sucesivas vanidades, que diríamos barrocas si no hubieran sido delineadas con el mismo buril que usó Durero para apuntillar el Renacimiento sobre sus grabados, se enroscan en torno de la cruz.
Comparto el cartel con Pablo Pámpano y me señala, también, el aire Jugendstil del rótulo - la "I" crucificada de Sevilla es inapelable- y un fondo expresionista que tarda en advertirse hasta que nos admiramos, tras la efigie apolínea del ángel de la fama cuya trompeta anuncia el apocalipsis en la Universidad, que la sombra donde va crucificado Nuestro Señor, es la retorcida negrura de su cruz abismal real.
A menudo se habla de una Semana Santa congelada estéticamente en el barroco, no puede ser de otra forma, o discípula dócil de esquemas excesivamente sentimentales cuando no puramente gazmoños, (sombras de lágrimas, rubores de azahar, inciensos acuarelados...) , pues no es el caso ahora de este cartel que tiene la majestad de una pasión de Bach y nos pone frente por frente ante la grandeza de un Dios que, acechado y abatido por el Príncipe del Mundo, asume en su dulce trance mortal todo el dolor, la vileza y la miseria del Cosmos para destruirla el día tres.
Imponente.

EL AUTOR DEL CARTEL ES JESÚS ZURITA VILLA


martes, 16 de enero de 2018

Una traducción al inglés de "LUX MUNDI"

Me escribe William L. Slusher de Tacoma, Washington, y me remite una traducción del poema que dimos por aquí la noche antes de Nochebuena.
Me cuenta que estudió leyes en la Florida, donde se graduó en el 77 y que gusta de traducir poemas del español al inglés y viceversa para mejorar el conocimiento de nuestro idioma.
He solicitado su autorización para poner por aquí la versión inglesa de mi poema.
Me maravilla que alguien le haya podido dedicar este tiempo a un texto mío al otro lado del océano y sin conocernos de nada, ni siquiera por FB.
Pero ya no hay océanos.
Mil gracias William.
LUX MUNDI (LIGHT OF THE WORLD)
Behold the lights of December shine:
The live coals where burn the fruits of autumn
With their long scarf of smoke and coals,
The altarpieces of commercial neon
And oriental mosaic of flakes of snow
That fall from the burning heavens.
We come from the shade and to the shadows we go
With little light.
And although the red torch of the winter fir
Scarcely illuminates the darkness
Of this cavern of gold and sorrow
We follow the road of the night of the soul.
We advance by feeling through the haze
Agitating the tea of anguish and jubilation,
--EX ORIENTE LUX-- (--FROM THE EAST LIGHT--)
But nothing serves the pallid wig,
The worn-out yellow of the encyclopedias
Splashes of blood and reason.
The sun dies also guillotined
In the thick undergrowth of the garden
And an axe-stroke of the moon cuts the hedge of boxwood.
Beneath the red mistletoe of the Druid
We still continue searching for the key of the entrance hall,
The coal of the flame that makes warm the milk,
And the profound hoarfrost that burns the heart,
But nothing and no one responds to the cry
Of the solitary dog that bays in the thicket.
So shine the lights of December,
There low candles that throb beneath the glass,
Those electrical stars and their paucity of light
That are the candelabrum of death.
But have no fear if something breaks into the night
And strikes three times the knocker of the door
In the high semidarkness of the thistle and the nettle,
Saturated with blood and leaves of holly.
This will be the agreed signal
A star of flesh born from the abyss.
Jose Maria Jurado, 23 diciembre 2017
Traducción de W. L. Slusser (Enero, 2018 Tacoma, Washington)

viernes, 12 de enero de 2018

CÍRCULOS EN LA TIERRA

Acaba de salir y está disponible ya en Amazon y librerías, el último libro del Arquitecto y ensayista, ANGEL MARTÍNEZ GARCÍA-POSADA, que me enorgullezco de prologar.
Copio más abajo el extracto que figura en la solapa de esta excelente y bellísima edición de VIBOK WORKS.
Los ensayos de Ángel, prestigioso profesor de Arquitectura -ha pertenecido al comité científico de la última bienal de Venecia- relacionan de forma amena, emotiva y clara muchos sucesos del arte, la arquitectura y la historia contemporánea que no son conocidos por el público en general y que resultan fascinantes.


"Asistimos en estas páginas a las mínimas epopeyas, algunas disparatadas, casi místicas otras, de quienes han roturado la materia para dejar memoria de la especie. ¿Qué diferencia existe acaso entre la espiral sonora grabada en el disco de oro de la sonda Pioneer por Sagan y aquella que sumerge su espalda salitrosa en las aguas saladas del lago de Utah trazada por Smithson, uno de los creadores fetiches del autor? ¿No decimos lo mismo al descifrar la triple escritura de la Piedra Rosetta que al enterrar una cápsula del tiempo, hecha solo de tiras de papel que reducen con su orden la entropía del mundo? Estos misterios, de los que Ángel Martínez García-Posada nos habla con pasión y viveza, pero que no intenta elucidar expresamente, aunque sí exponer reflejados y confrontados con todas sus consecuencias, nos enfrentan a la más profunda de las condiciones humanas: la de ser creadores de espacios simbólicos y fundadores de lugares". -José María Jurado."

PVP : 12 € - Haz click. ni te lo pienses.

https://www.amazon.es/C%C3%8DRCULOS-EN-TIERRA-Dibujos-subsuelo/dp/849464663X/ref=sr_1_3?s=books&ie=UTF8&qid=1515767218&sr=1-3

lunes, 8 de enero de 2018

Para explicar los Reyes

A mí modo de ver, nada original por otra parte, hay cuatro vías para alcanzar el conocimiento, complementarias y no incompatibles entre sí: la filosófica o científica; la sensorial, que no es exactamente la empírica sino la vida instintiva y social sin más; la espiritual o mística, que por ser interior es invisible, y la senda del arte que es la de la belleza y la imaginación.
Estos caminos, que algunos simplifican en dos: la gracia (el espíritu, el arte) y la naturaleza (la vida, la ciencia) comparten, me parece, un mismo impulso que se suele manifestar en un ansia o curiosidad insaciable, pero que ordena una categoría superior, indefinible sin acudir a la poesía, como es el amor que "mueve el cielo y las estrellas" .
Asediada por distintos campos de fuerza nuestra vida es atraída, por no decir mareada, por esta rosa de los vientos interior.
Esta inquietante zozobra nos conduce por un mundo, a menudo amenazante e incomprensible, donde el centro magnético fluctúa sin concierto a cada paso que damos en la vida.
Pero nadie mueve de su sitio a la Estrella Polar.
Que es otra forma de decir aquello de Rubén Darío "y hacia Belén la caravana pasa".

La hiedra en mi balcón, diciembre 2017

jueves, 4 de enero de 2018

Catorce quince


Un soneto se lee en quince segundos,
no es una simple afirmación retórica:
existe una constante pitagórica
que determina un vínculo profundo

entre el tiempo del verso y el del mundo
sujeto siempre a la armonía dórica.
Gira la aguja con crueldad anafórica
o escribe el cuarzo con rigor rotundo

el número veloz en la pantalla
que justo en este instante marca once,
pero como la arena de la playa

el ahora se escurre hacia el entonces
fugaz de los tercetos donde calla
al dar los quince con un gong de bronce.


sábado, 23 de diciembre de 2017

Lux Mundi

Mira brillar las luces de diciembre:
las brasas donde arden los frutos del otoño
con su larga bufanda de humo y carbonilla,
los retablos de neón de los comercios
y el mosaico oriental de los copos de nieve
que caen de los cielos encendidos.

Venimos de la sombra y hacia las sombras vamos
con un poco de luz.
Y aunque la antorcha roja del abeto de invierno
apenas ilumine las tinieblas
de esta gruta de oro y de dolor
seguimos el camino de la noche del alma.

Avanzamos a tientas por la bruma
agitando la tea de la angustia y el júbilo,
-EX ORIENTE LUX-
pero de nada sirve la pálida peluca,
el gastado amarillo de las enciclopedias
salpicadas de sangre y de razón.
El sol muere también guillotinado
en la espesa maleza del jardín
y un hachazo de luna corta el seto de boj.

Bajo el muérdago rojo del druida
aún seguimos buscando la llave del zaguán,
el carbón de la llama que hace tibia la leche
y la escarcha profunda que quema el corazón,
pero nada ni nadie responde a la llamada
del perro solitario que aúlla en la espesura.

Así brillan las luces de diciembre,
esas hondas bujías que laten bajo el vidrio
esos astros eléctricos y su poco de luz
que son el candelabro de la muerte.

Pero no tengáis miedo si algo irrumpe en la noche
y golpea tres veces la aldaba de la puerta 
en la penumbra alta del cardo y de la ortiga,
saturada de sangre y de hojas de acebo.

Esta será la señal convenida
si una estrella de carne naciera del abismo.

"La luz del mundo"

William Holman Hunt ( Londres, 1827 . 1910) 


martes, 19 de diciembre de 2017

Hoy a las 19:30 en La Casa del Libro, "Gusanos de Seda"

"El martes 19 de diciembre a las 19.30 horas tendremos el gusto de contar en el club de lectura de poesía ( librería Casa del Libro , Calle Velázquez nº8, Sevilla) con la presencia de José María Jurado García-Posada, quien nos hablará de su poemario Gusanos de seda. Una poesía de tono elegíaco , un libro que dedica a la memoria de su padre y donde el dolor por su ausencia, la memoria, lo íntimo y confesional se entrelaza con los interrogantes existenciales: “¿Por qué estamos aquí?”. Nosotros, un ser para la muerteY a pesar del inevitable tempus fugit nos arraigamos tenaces a la vida gracias a la belleza y al arte. Y son sus poemas un lugar de encuentro y diálogo con la pintura, la música, la filosofía, la historia, los viajes, la literatura. Un lugar de múltiples e interesantes referencias culturales. Es un libro del que seguro disfrutaréis."

Del blog de Ana Isabel Alvea Sánchez.

https://amarandaalvea.wordpress.com/2017/12/10/encuentro-con-jose-maria-jurado-y-su-poemario-gusanos-de-seda/

viernes, 15 de diciembre de 2017

Unos tirantes por España

España, ¡lo que ha sido y es España!, por España merece la pena ponerte unos tirantes con su bandera, porque en esa bandera están, por ejemplo, los integrantes de esta foto: está Lorca y está Santa Teresa, están Unamuno y todos los Machado, está Isabel de Castilla y está Riego, y Colón y Pizarro y las Casas y Cortés están Cervantes, Lope, Garcilaso, Góngora, Quevedo, Calderón y Cajal, Murillo, Zurbarán y Velázquez, el niño de Sevilla que vino a subir el nivel. 

Mirad de nuevo la fotografía de la que hoy se cumplen 90 años: al tiempo que todo el 27 en España están haciendo su obra plena Unamuno, Ortega, Azorín, Baroja... Y Juan Ramón.

Esto no se improvisa, la poesía y el arte son tan nucleares en nuestra patria que se ha muerto y matado por ella. No nace el 27 del vacío, viene de Juan Ramón y Machado de Bécquer y los siglos de oro.

No creo que en otros países tenga más importancia la poesía que entre nosotros. Bien es verdad que falta reconocimiento y recompensa, pero esto es porque, como decía Foxá, cualquier cabrero de Castilla tiene tres mil años.

Nos las sabemos todas.

Pero a veces conviene repasar, empiezan este viernes en el Cicus, c/Madre de Dios, unas jornadas sobre el 27 con motivo de la Exposición comisariada por Eva Díaz Pérez sobre las revistas literarias de esta promoción.

Y conviene decir, porque hay quien lo duda, aquello que me dijo mi tío Miguel García~Posada cuando le pregunté por la calidad de todos los autores de la fotografía y los que no están:" la calidad de todos, de todos sin excepción, en lo que hicieron bien, que fue muchísimo , es la más alta posible del idioma, todos alcanzaron el máximo nivel". 

De todos, por eso os invito a leer a Emilio Prados a Aleixandre a Bergamín a Altolaguirre o a Moreno Villa.

Porque si hoy escribimos poesía en España, porque si hubo poetas en los años que sucedieron a la guerra, porque si España es un país por el que merece ponerse los tirantes es por estos señores de la foto y también por las señoras que no salen, como María Zambrano, Concha Méndez, Ernestina de Champourcín. 

Ellos retomaron la antorcha de la tradición y nosotros aún somos sus hijos, nadie que lea en España ha aprendido a hacerlo sin decir sus poemas.

Fue una galaxia en un universo, el ibérico, ya muy grande.

Cada línea que escribo se la debo a ellos, por ellos me hice poeta y ellos representan lo mejor de mi país.

Hoy me pongo unos tirantes con la Bandera de España por la Generación del 27.

(Hoy empieza un curso en el Cicus abierto al Universo , Rocío hablará sobre las influencias recíprocas de los poetas del 27 y Juan Ramón Jiménez el sábado por la tarde en la que también se anuncia la intervención de Antonio Rivero Taravilloflamante ganador del premio de aforismos Pérez Estrada que cerrará esa misma tarde lo que no sé podrá cerrar nunca, la herida luminosa de estos jóvenes eternos que han ampliado el alma del idioma, que es el imperio del alma).


Resultado de imagen de GENERACIÓN 27

jueves, 14 de diciembre de 2017

Los gozos de diciembre

En este enlace podéis descargaros la lectura de ayer.

A partir del minuto 3 más o menos.

De propina, además, tenéis a Víctor Jiménez recitando un poema de Antonio García Barbeito a quien se recordó con cariño el duro trance que está pasando y del que saldrá, seguro, victorioso.

Está grabada, además, la disolución de la reunión, con simpáticas psicofonías.

https://drive.google.com/open?id=1oD8qTL3XuBSamjVkeI89Ib7iNNmY5JJz

La imagen puede contener: 2 personas, personas sentadas e interior
José Cereijo, Víctor Jiménez y JMJ
Espacio Santa Clara
Casa de los Poetas y las Letras
Sevilla
13-12-2017
fotografía :RFB


domingo, 10 de diciembre de 2017

Un cuento botánico de Navidad

La tarde, fría y desangelada, no parecía la de la Nochebuena. Llovía a ratos y el agua gélida iba formando charcos negros que copiaban los reflejos amarillos de las farolas y del tristón alumbrado navideño de esta parte de la ciudad.

Volvía a casa con los pies congelados, agotado de los trámites sociales de las fiestas, cuando me acordé de improviso de que no había recogido el centro de flores naturales que había encargado para la cena familiar.

Siempre he militado en la facción decorativa, mi reconocida incapacidad para las tareas gastronómicas me aleja preventivamente de la cocina los días de Navidad. Este año, sin embargo había tenido poco trabajo, las niñas habían crecido y habíamos decidido abandonar definitivamente las luces parpadeantes y el muérdago de plástico.

Cuando una costumbre o tradición se extingue le suele suceder otra peor y, así, sin darnos cuenta, nuestros modestos adefesios luminosos y las figuras de plástico de nuestro nacimiento, que tantas horas de felicidad nos habían regalado, habían sido  sustituidos por un espléndido, pero impasible, belén de barro y una doméstica sofisticación snob, con ribetes del “Hola”, de la que aquel centro floral, ahora olvidado, no era el síntoma menor.

Hice varias llamadas a la floristería, pero ya era tarde. Creo que en el fondo me alegré y aunque siempre le he tenido manía a la flor de pascua, que los botánicos designan con el nombre científico de Euphorbia pulcherrima y es conocida en las floristerías de todo el orbe con el afectado nombre de poinsetia,  no tuve más remedio, para salvar mi honra doméstica, que encaminarme al bazar chino del barrio para hacerme con una de esas plantas que en estos establecimientos se venden en cantidades industriales y a muy poco precio.

Cuando llegué a la tienda un anciano quijotesco cubierto con una capa española se estaba llevando la última que quedaba. Ahí donde nunca había faltado esta flora de atrezzo -entre las preteridas luces led y las fulgurantes estrellas de plástico- había ahora un abismal vacío botánico.

Escuché cómo nuestro caballero andante, mientras terminaba de pagar, le contaba una historia al dependiente, que asentía a todo muy atento con el habitual mutismo y gracejo asiático:

-Ignoro si los aztecas llegaron a derramar la sangre de sus sacrificios sobre este lecho de hojas verdes coronadas de rojo, pero le puedo asegurar que, contrariamente a lo que mucha gente cree, pocas costumbres existen más católicas que esta de adornar por Navidad la casa con esta planta, ¿sabía que los misioneros franciscanos españoles engalanaban sus modestas iglesias coloniales, hechas de adobe y madera, con esta flor de la nochebuena o pastora como la llaman allí? La gente piensa que esto es algo también de los Estados Unidos porque los yanquis empezaron a comprar plantaciones enteras en Méjico y a sacarlas en sus especiales navideños de televisión. Hicieron con ella lo que la Coca-cola había hecho antes con San Nicolás, que por si no lo sabías, hijo, era, además, prelado. Yo, como soy cristiano viejo, siempre había tenido esta planta por una especia invasiva, -otra más-, de los americanos; una sucursal portátil si me apuras de  las protestantes ramas del árbol de navidad, pero desde que leí esta historia en internet, la planta, antes proscrita, no puede faltar en mi casa en Nochebuena, es más, siempre llevo conmigo una a la Misa del Gallo para ponerla a los pies de Jesús..

Resultaba entrañable escuchar al caballero tridentino. La historia, además, era bonita y pensé que me gustaría contársela a las niñas durante la cena. De manera que lo que antes no era más que un compromiso se convirtió en un fuerte antojo. Tenía que conseguir como fuera una poinsetia porque mi imaginación volaba ya por las sierras y los volcanes mejicanos, soñando con altares colmados de estrellas rojas que adoraban al Niñodios que había bajado al trópico desde los altos montes de Judea.

Pero lo dicho: junto a mí, solo había un abismo vegetal. Tras mucho suplicar, el dueño del negocio rebuscó en los almacenes y, harto ya de mí, finalmente me trajo un escuchimizado y escuálido matojo, sin una sola de las características brácteas rojas, y con tal de deshacerse de mí ni siquiera me cobró los pocos euros que no llegaba a costar. Eso sí, con el habitual mutismo y gracejo asiático.

Una vez en casa y superadas las esperables chanzas a costa de mis perpetuos despistes la planta sin flores quedó a los pies del portal, de barro, como se ha dicho, y nos dispusimos a cenar.

Nunca llegamos a saber qué sucedió luego, ni pudimos jamás explicar cómo aquella noche, antes fría y desangelada, después de habernos acostado más pronto que de costumbre, acudimos todos a la vez junto al belén, aún de madrugada, abandonando las sábanas y el sueño. Simplemente estábamos allí, con las manos enlazadas y  la sensación de que unas brasas invisibles hacían arder nuestros corazones unidos mientras rodeábamos el nacimiento.

Todas las luces de la casa estaban apagadas, pero el salón resplandecía.

 Porque una estrella reluciente había surgido de entre aquellas ramitas y hojas esmirriadas y ahora irradiaba el pesebre con un rubor rojizo, suspendida ante nosotros como un ángel, anunciando a todos los hombres de buena voluntad que no había en el mundo ninguna tierra tan dura, ningún lecho de hojas tan estéril, que no pueda florecer cuando lo alcanza el Amor. 



Euphorbia pulcherrima  
Rose Marie James | American Society of Botanical Artists

martes, 5 de diciembre de 2017

Gozos de diciembre - Lectura en la Casa de los Poetas de Sevilla

A todas las unidades,

Antes de marcharos de puente anotad en vuestras agendas que el próximo miércoles 13 de diciembre a las 19:00h en el espacio Santa Clara (C/Becas) de Sevilla leeré poemas en compañía de José Cereijo y Víctor Jiménez, es el colofón de la Programación de la Casa de los Poetas (ICAS de Sevilla), dentro del ciclo tan entrañable de “Las luces de diciembre (Poemas para la Navidad)” que se prolonga el día 14 con la Lectura de Miguel Florián, Rosario Troncoso y Carlos Vaquerizo.

Según me informan el Ateneo de Sevilla ha contraprogramado con un homenaje a Puerta Cerrada y por invitación exclusiva, a la Generación del 27, acuden Plácido Domingo, Fernando Savater y Carlos Marzal, selectos miembros no del CAS  (Club de las almendritas saladas) que diría Andrés Trapiello, sino más bien de las Almendritas de Oro y Diamantes, con irisaciones, bien es verdad, ¡ay no todas las artes son iguales! en el oro y los diamantes.

Como artistas tienen toda mi admiración, pero cuando recuerdo que los del 27 se fueron a orinar a los muros de la Academia o que hicieron su homenaje a Góngora en la Sociedad Económica de Amigos del país, porque estorbaban a los cachivaches de la Cabalgata, y que fue gracias a Ignacio Sánchez Mejías, como nadie ignora, que se produjo aquella conjunción de astros, yo me lo pensaría antes de ir, sobre todo si ni siquiera hay artistas locales invitados (y claro, al decir locales, me olvidaré de que Sevilla fue y sigue siendo la Capital de un Imperio).

Ahora que los Poetas tenemos en Sevilla una Casa yo les pediría a los ateneístas que se dieran una vuelta, no está tan lejos, por el espacio de Santa Clara o, si lo prefieren, organizamos una procesión , que estos siempre es fácil en esta ciudad y llevamos a Plácido Domingo bajo palio, que se lo merece más que nadie.

Y el 27 no merce menos.

También esa tarde, en el Alfonso XIII se presenta el Relato “El extraño caso de Bienvenido” de mi querido y admirado Javier Salvago, en una edición ilustrada por Daniel Rossell, proyecto de Pedro Tabernero, que por lo que una aventura parece tan misteriosa como bella. Espero poder acudir, porque tengo el don de la bilocación, como ubicuamente he demostrado en Facebook en tantas ocasiones. Si tienen compromiso con Javier, quedan liberados conmigo.

Entre el Ateneo y estas actividades, vuestro es el derecho a decidir si escucháis a los maese Pérez de este mundo o si os tomáis las almendras con el organista de la catedral de Grecia.

¡Si me queréis venirse!


domingo, 3 de diciembre de 2017

Los archivos del jueves (I)

Apenas queda memoria en la ciudad de la Asociación de Espiritistas de Sevilla que tanto esfuerzos hizo por difundir las enseñanzas de Allan Kardec en la baja Andalucía y a quienes tantas familias señoriales, que luego negarían haber solicitado su ayuda, debieron la calma nocturna de sus palacios. Precursores de la técnica de la psicofonía, fueron mundialmente celebrados por tan inquietantes experimentos. Losprimeros registros sonoros fueron realizados en 1929 por Ulises Guerrero, último presidente de la Asociación, con un magnetófono de alambre en el Salón de los Azulejos del Alcázar –el prototipo había sido presentado ese mismo año en el Pabellón de Philips de la Exposición Iberoamericana-, en la misma estancia donde el rey Pedro el Cruel hubiera dado hipotética muerte a su hermano Don Fadrique Alfonso de Castilla, y en la que unas manchas oscuras sobre la solería aún dejan constancia del fratricidio. 

La Asociación obtuvo la medalla de oro en el “Quinto congreso internacional de espiritistas”, celebrado en Barcelona en 1934, en reconocimiento a “su valiosa aportación de nuevas técnicas electromagnéticas para la cualificación de las presencias ectoplasmáticas y sus relevantes trabajos en el censo y categorización de los espíritus del viejo caserío sevillano aún atormentados por los espantos de la Santa Inquisición”, según rezaba el diploma acreditativo, prolijamente decorado con anagramas y emblemas teosóficos, guirnaldas de flores y señeras catalanas, al más puro estilo de la Reinaxensa.

No obstante, y pese al reconocimiento que gozó de la comunidad espiritista internacional y el patrocino de los burgueses y señoritos de la ciudad, en vano fatigará el investigador los archivos municipales y de protocolos, las hemerotecas o las bibliotecas particulares y públicas. Ningún vestigio queda de aquella asociación que fue pionera en los modernos estudios parapsicológicos. De un examen detallado de las publicaciones de la época incluso se infiere que su recuerdo ha sido deliberada y sistemáticamente extirpado de la historiografía de la ciudad. Así, incluso en el magnífico y exhaustivo archivo digital del ABC de Sevilla, imprescindible para conocer aquellos años convulsos, aparecen manchas en blanco, columnas recortadas o ilegibles, como si una metódica tijera se hubiera encargado de amputar la más mínima referencia. 

Ni siquiera en los diarios o en la correspondencia de espiritistas ilustres de la época como Fernando Villalón o el propio Rosso de Luna aparece una sola referencia a este cónclave de sombras. Así, por ejemplo, un gran estudioso de esos años como es Antonio Rivero Taravillo, en su obra “Los fantasmas de Yeats” obvia toda referencia a esta asociación y, sin embargo sí que menciona al Centro de Estudios Teosóficos de Sevilla, cuya importancia en aquellos días fue no menos residual que folclórica. Pero esta ausencia no es imputable al novelista que resucitó para nosotros una época en la que los duendes -recuérdese la obra de los Hermanos Quintero estrenada el día de la Raza en el actual Teatro Lope de Vega, “Los Duendes de Sevilla”- campaban a sus anchas por la ciudad, como por otro lado ha sucedido siempre, sino a la imposibilidad que seguramente tuvo el autor para acceder a ninguna documentación primaria sobre esta asociación aún incógnita para tantos sevillanos.

Solo en el Archivo Histórico de Salamanca, entre los infinitos legajos del Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo he podido encontrar una referencia al trágico fin de Don Ulises y toda la Junta Directiva de la Asociación, que cayó fusilada, tras un jucio militar sumarísimo, junto a las tapias del Cementerio de San Fernando, en el becqueriano barrio de San Jerónimo, siempre acechado por las espectrales y mortuorias sombras de la Venta de los Gatos. 

Solo a partir de este leve indicio y de una referencia en el Washington Post encontrada en la Biblioteca del Congreso Americano donde se glosan las andanzas de Mr. Guerrero en una pequeña gira triunfal que alguno de los miembros de la institución llevaron a cabo por los teatros y ferias de los Estados Unidos tras su éxito barcelonés, he conseguido confirmar, aunque muy borrosamente, algunas de de las pesquisas y casos que abordaron aquellos sevillanos -y sevillanas, pues hubo importantes mujeres en sus filas y no todas corrieron la misma triste suerte que los varones- de quienes tuve incierta noticia a través de la forma que en seguida se verá y cuya memoria debería ser justamente reivindicada si aspiramos a conocer bien la historia de aquellos lejanos y locos años veinte en que toreros y flamencos danzaban con los espíritus en las tabernas, los cafés cantantes, los reservados de los cortijos, las sacristías y las salas capitulares de la capital de Andalucía. 
El jueves de Sevilla, calle Feria, abril de 2014.
Fotografía: JMJ
V Congreso Espiritista Internacional, Barcelona



Javier Ruibal – La flor de Estambul Versión de la Gnossienne Nº 3 de Satie


Entre naranjos

Acarician los dioses
con sus dedos de nube
la copa del naranjo.

Ante tanta belleza
el tiempo se detiene
y la luz cristaliza.


Bajo el retablo ácido
de sol y de oro nuevo
elevo una plegaria


de adoración y júbilo
por los frutos henchidos
que anuncian la mañana.


Mañana de trabajo, JMJ  29 de noviembre de 2017

lunes, 20 de noviembre de 2017

Blanco




“El crepúsculo nórdico, lento, exige
 A su contemplador una atención asidua”

(Luis Cernuda, “Desolación de la Quimera”)

A duras penas pudo apartar los visillos para contemplar el paisaje. La última luz de la tarde caía a lo lejos sobre el hayedo desnudo. Bajo un cielo gris lechoso los árboles parecían un ejército de esqueletos apostado en la loma. Más cerca se sucedían otras bandas de setos y de prados de un verde más intenso hasta llegar al pie de aquella casa en la campiña. Oscurecía y hacía frío. Pronto alguna de las almas amigas que lo cuidaban acercarían a su mesa una lámpara de aceite, aunque no tenía ya fuerzas para leer. Dio un sorbo tembloroso a la taza de té, pero al tratar de devolverla a la bandeja la dejó caer al suelo. “No volverás a escribir”, se dijo mientras observaba sus dedos engarrotados y sarmentosos. Con la mano huesuda limpió lentamente el vaho de los cristales empañados por el humo de la tetera como quien aparta una telaraña del pensamiento. Acercó otra vez los ojos, vivos como candelas, a los ventanales y miró aún más profundamente hacia los páramos.
Nevaba. Algunos copos breves se mecían como pétalos o plumas, zarandeados por el aire. Conocía esa danza. El perfume cítrico de la infusión derramada inundaba la estancia y ante su mirada una cascada de flores blanca caía de las altas copas del recuerdo. De nuevo ante sí veía las claras varas de limoneros y naranjos saltando las tapias de los conventos, cubiertas de copos de azahar, delicados y frágiles como su corazón de niño cuando pasaba por la estrechez misteriosa de aquellas callejas encaladas.
Nevaba, sí, nevaba mansamente en Inglaterra, pero la nieve caía en la memoria.
“Bajando estoy el valle de la vida…”, ¿hacía ya cuántas décadas había escrito estas palabras en aquella lengua del norte que era la melodía de su sangre, pero no el idioma de su patria? Ahora, después de tantas tribulaciones y sufrimientos, cuando había dejado de importarle el juicio de los hombres y las mentiras de los clérigos; ahora que había abandonado el estudio y la controversia, libre por fin del rencor contumaz de sus compatriotas y correligionarios; ahora podía descender en soledad y libremente al Valle de Josafat a la espera del único tribunal que podía aceptar una conciencia errante.
La visión inmaculada de la nieve elevó su espíritu y le hizo olvidar por un instante los terribles dolores que lo prostraban, pensó en cuánto le gustaría poder hacer sonar otra vez su violín. Desde que siendo muy niño hubiera escuchado en las profundas naves de la catedral al órgano majestuoso y a los coros cristalinos de la capilla real la música había sido su más seguro refugio. Gracias a la música y gracias a la belleza apolínea y convulsa de la liturgia católica había podido soportar toda aquella juventud de casullas y sacristía. Gracias a su violín había podido hacer frente a los crepúsculos boreales y a los funerales graznidos de los cuervos anglicanos que se habían cernido sobre su trasterrada madurez.
“¿Y hoy qué tocarías?”, se preguntaba su mente nublada por la nostalgia. Seguramente una romanza de su tierra, una de aquellas coplas de su madre cuya espontánea alegría aún llevaban después de tantas décadas algo de calor a su corazón. Cerró los ojos y volvió a escuchar la voz de ella que cantaba. Todo el candor de la nieve se transformaba en luz del mediodía y él era un niño que saltaba sobre esa luz de los patios bajo la vela y abrazaba la cintura de su padre, siempre tan grave como piadoso y cuyos severos consejos volvía a desoír.
Las lágrimas rodaban por las mejillas rugosas de aquel niño anciano, pero su débil sollozo no alarmó a nadie en la casa. De todas las derrotas de la vida aquella era la única que ahora le importaba. No se había perdonado nunca haber defraudado a aquellos padres que tanto amor y tantas ilusiones habían depositado en él.  ¿Pero puede en verdad existir fraude cuando se ha de escoger entre la verdad o la vida? Ahora sabía que sí, pero también que nada había sido en vano y que había sido necesario tomar la diligencia de Madrid, abandonar la fe, entregarse a los excesos de la carne y la política, huir frente a las bombardeadas costas de la patria, cambiar de idioma -aunque fuera también el de su sangre- cambiar de religión, cambiar de nombre y otra vez cambiar, cambiar, cambiar de país, de isla, de credo, de familia.
¿Había merecido la pena escuchar siempre a la rectísima voz de su conciencia  sin atender nunca a los cantos de sirena de otros magisterios más amables o poderosos?  De eso no podía estar seguro, por su culpa había transitado  las vías más amargas que conducen a la verdad y su vida había sido una renuncia permanente, sin más concesiones que la de un amor tormentoso y sacrílego.
Pero ahora nevaba. Sí, nevaba mansamente en Inglaterra.
Y ante la blancura invernal del campo en Inglaterra ¿qué podrían valer ahora aquellas lágrimas o los dorados recuerdos de la más alta torre y las palmeras del sur? Una bandada de patos silvestres cruzaba el horizonte que ya rayaba la noche. También era blancos. Porque ahora ya todo era blanco. Sí, blanco como el Santo Sacramento del Altar ante el que tantas veces se postrara de joven con un sentimiento mezcla de horror y de culpa. Blanco como la espuma que azota los acantilados de Irlanda y las costas de Inglaterra que lo separaban de la patria. Cegadoramente blanco como la vida y oscuramente blanco como la muerte.
Todo era Blanco.
Blanco.

 [José María Blanco Crespo –José Blanco White- nació en la calle Jamerdana, esquina con la actual calle Ximénez de Enciso del Barrio de Santa Cruz de Sevilla el 11 de julio de 1775 y murió el 20 de mayo de 1842 en Greenbank, no lejos de Liverpool, en la campiña inglesa, al cuidado de la familia Rathbone, de confesión unitarista quien se hizo cargo de él desde el frío febrero de aquel mismo año cuando perdió todas sus facultades físicas tras una década de extremo sufrimiento, soledad y necesidad por fidelidad a su conciencia. Autor de un inmortal soneto en la lengua de Shakespeare que aún los niños británicos estudian en las escuelas, fue odiado y secretamente admirado por el ínclito y nunca suficientemente venerado Marcelino Menéndez Pelayo, martillo de herejes, quien le dedicó algunas de las más celebradas páginas de esa magna obra, precursora de los artificios borgianos, que es la Historia de los Heterodoxos Españoles. Irregularmente reivindicado por autores como el poeta español Luis Cernuda o el escritor marroquí Juan Goytisolo, quienes obviaron, más el segundo que el primero, la dimensión cristiana y trascendente de su obra. Escribió, también en lengua inglesa las “Letters from Spain”, el testimonio más vivo de la ciudad de Sevilla en el siglo XIX y una de las cumbres de la literatura romántica española junto con las "Rimas y Leyendas" de Gustavo Adolfo Bécquer, con quien merece, por propio derecho, compartir la cima del parnaso de Sevilla en cuya catedral sirvió como Sacerdote Católico y Capellán Magistral de la Real Capilla de San Fernando antes de incurrir, sucesivamente, en un breve ateísmo (probablemente instilado por un demonio erótico que le propició un hijo natural) y las herejías anglicana y unitarista que lo llevaron al exilio en Inglaterra e Irlanda de donde era oriunda su familia, descendiente de aquellos católicos irlandeses que fueron acogidos por la corona de España durante los años de terrible persecución religiosa promovida por la pérfida Albión.

Laus Deo]

José Blanco White (Sevilla, 1775 - Liverpool, 1842)
Placa en la casa natal de JMBW, esquina Jamerdana con Ximénez de Enciso



domingo, 12 de noviembre de 2017

Camino de Bonanza

Cuando no existían las redes sociales y no había cambio climático, Chiquito de la Calzada, procedente de la periferia inmensa del flamenco, nos concedió un juego universal de muletillas para romper el hielo en cualquier evento social, en la cola del supermercado o en los viajes de ascensor.
Más que un renovador del idioma, como dice solemnemente hoy un periódico gromenauer, fue el creador de un código universal de comunicación que otorgó capacidad expresiva, ¿te da cuen? a aquellos a quienes el gato ha comido la lengua.
Por la gloria de mi madre que yo le estoy muy agradecido.
Habrá hoy quien diga, porque España es así, señora, que rendir tantos honores a un humorista castizo está de más y no serán distintos de aquellos señoritos sevillanos que se escandalizaron porque en la Catedral de Sevilla se celebrara un funeral por ese gitano que se llamaba Joselito.
Como dijo Muñoz y Pabón la Catedral había desplegado su gran pompa asiática para despedir a quien tanta felicidad había dado a esos fristos que ahora se hacían cruces.
Debemos mucho duodenalmente a Chiquito que ahora cabalga ya camino de Bonanza.
Descanse en paz.


lunes, 23 de octubre de 2017

Autorretrato

Mi infancia son recuerdos de un bote de pastillas y un huerto claro donde rondan los enfermeros; mi juventud, veinte años atado en una silla; mi historia, algunos casos que espantan al loquero. Ni un seductor psicópata, ni un paranoico he sido, ya conocéis mis torpes delirios de templario, mas recibí la angustia que me asigno Sigfrido y amé cuantos ingresos tuve hospitalarios. Hay en mis venas gotas de zen serotonina, pero mi verso brota de un receptor terpeno; y, más que un yonki al uso, ansioso de endorfinas, soy, en el buen sentido de la palabra, ajeno. Adoro las terapias, y con falta de ética corté las viejas fobias del huerto de Lacan; mas no amo las síntesis de la actual genética, ni soy un ave de esas del nuevo meditar. Desdeño las romanzas de los australopitecos y el coro de psiquiatras que cantan en la cuna. A distinguir me paro la grifa de Marruecos y fumo, solamente, entre las chinas, una.

¿Soy bipolar o ansioso? No sé. Dejar quisiera
de consumir la yerba por el doctor vedada,
famosa por la mano gentil que la ofreciera,
no por el orificio de blancura esnifada.

Converso con el cuerdo que siempre va conmigo -quien oye voces habla con más de dos al día-
mi "soliloco" es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la frenopatía. Y al cabo, nada os debo, debéisme cuanto grito a mi ansiedad acudo, con mis delirios pago la camisa de fuerza y el hospital que habito la depre que alimento y el diván donde yago Y cuando llegue el día del último viaje y esté al partir el ácido que nunca ha de tornar me encontraréis a bordo cargado de dopaje, tan colocado como los niños de papá.


"El grito", Eduard Munch

lunes, 16 de octubre de 2017

"Historias" de Juan Ramón Jiménez se presenta en Sevilla

El jueves por la tarde se presenta "Historias" de JRJ en edición de Rocío Fernández Berrocal, en la nueva sucursal de la Casa del Libro en Sevilla, la de Viapol.
Os esperamos.


martes, 26 de septiembre de 2017

Hoy en Canal Sur Radio a las 17:30

Esta tarde a las 17:30 estaré con los amigos de "El Público" en Canal Sur Radio, me entrevistarán y leeré algún poema de "Gusanos de Seda".
¡Nos vemos en las ondas!

sábado, 9 de septiembre de 2017

Las hojas muertas

Caen las hojas, decimos ahora que el otoño de bronce y oro se aproxima. Pero el hombre de la sierra  dice, en cambio, que el árbol "tira" la hoja. Y el contraste entre dos visiones de la naturaleza se despliega ante nosotros con este simple intercambio en la función del sujeto y el predicado. El flaneur de la ciudad baudeleriana, el hombre de las multitudes, es normal que haya encontrado en la hoja, múltiple, diversa, innúmera, una cifra de su destino individual  y, al mismo tiempo, enlazado al de sus infinitos congéneres. La hoja cae por esa pulsión suicida según  la cual incorporamos un resto de voluntad al hecho propio de morir. En el campo sin embargo el árbol tira la hoja, que se suceden como las generaciones de Homero. Frente a la naturaleza áspera importa la voluntad colectiva, el ego se desvanece y todo sirve a los inmutables ciclos del universo, a la gran rueda del cielo donde lo único fijo es el eje. El tronco del árbol que ya estaba allí y que allí seguirá hasta el final de los tiempos, cuando la última hoja haya sido arrojada al Gehenna.


Escorial, 13 de agosto 2017

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Presentación de "Historias" de JRJ


lunes, 4 de septiembre de 2017

Apoteosis de la Monarquía Española

Madrid, julio 2015


                                    (Oda nueva a Madrid)

Aquí no ruge el mar, pero brama Neptuno,
galopa entre las olas de los cielos de Breda
y las frondas ubérrimas del Paseo del Prado.

No rompe el sol tampoco sobre playas eternas,
mas arde sin embargo en torres y vitrales
la luz del Guadarrama como el toisón de oro

que los cielos imponen a la villa manchega
en la Plaza de Oriente donde un galeón varado,
adarga antigua y lanza, se pudre en astillero.

El Manzanares, manso desde los siglos de oro,
sacude su testuz de mulo encajonado
y, Castellana arriba, como un río a raudales,

ajenos al ocaso, ruedan coches sonámbulos.
(Bajo mil galerías seis millones de topos
horadan como esclavos los túneles del metro).

A  veces me imagino que el Palacio se eleva
igual que un dirigible que hubiera roto amarras
por el campo del Moro y las nubes de Tiépolo

y agito mi pañuelo de sangre y dos de mayo
cuando cruza su sombra por la Puerta del Sol
lo mismo que una nave espacial y nodriza.

Asomada al abismo nos saluda Letizia
-la princesa está triste, quiere dar la primicia-
y decimos adiós y decimos adiós.



Apoteosis de la Monarquía Española, Tiépolo, Palacio Real de Madrid



L. Boccherini: La Musica Notturna delle Strade di Madrid - Op. 30 n. 6 (G. 324) / J. Savall

 
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